Duterte sale reforzado en las legislativas y municipales de Filipinas

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El presidente filipino, Rodrigo Duterte, gozará a partir de ahora de un poder casi ilimitado. Las elecciones municipales y legislativas de este lunes, consideradas un referéndum sobre su mandato, le han dado un rotundo triunfo y una mayoría absoluta en las dos Cámaras del Parlamento, que le abre la vía para que pueda poner en marcha la legislación que desee. Incluidos sus proyectos más críticos, como una reforma de la Constitución o la reinstauración de la pena de muerte.

De los 18.000 cargos en juego, los más importantes eran los doce que correspondían a la mitad del Senado. Nueve de ellos, con el 94% de los votos escrutados, han ido a parar a partidarios de Duterte, lo que, sumado a los ocho miembros que ya le apoyan, supone 17 senadores de 24, una mayoría absoluta que hace saltar por los aires el candado legislativo de la Cámara Alta, tradicionalmente más independiente, y permitirá al dirigente filipino acometer reformas de alcance en la estructura del Estado. Por si fuera poco, las principales voces de la oposición no han pasado el corte electoral, por lo que los puestos restantes serán ocupados por independientes.

La más importante de estas reformas podría ser el restablecimiento de la pena capital, abolida en 2006 por presiones de la Iglesia; una institución de enorme influencia social en el país con más católicos de Asia y tercero del mundo, pero por la que Duterte ya ha demostrado poco respeto con anterioridad en noviembre de 2015 llegó a llamar “hijo de puta” al papa Francisco. De esta manera, podría aplicarla en su guerra contra las drogas, una sangrienta campaña cuyos asesinatos extrajudiciales se ha cobrado la vida de más de 20.000 personas, según datos de la ONG Human Rights Watch. La Administración ya realizó una primera tentativa en 2017, cuando la Cámara Baja aprobó un proyecto de ley que castigaba con la pena de muerte a todo aquel que llevara encima medio kilo de marihuana o diez gramos de cocaína, heroína o éxtasis. Entonces el Senado la bloqueó. Con la nueva composición que arrojan los resultados electorales de este lunes, esto ya no sería un obstáculo.

Otros de sus proyectos de reformas legislativas podrían incluir reestructurar el sistema fiscal, descentralizar el aparato estatal y, sobre todo, modificar el apartado de la Constitución que regula la presidencia para eliminar las limitaciones temporales vigentes. Según la normativa actual, el jefe del Estado puede estar al frente del Gobierno filipino durante un solo mandato de seis años de duración.

Aún en el caso de que esta última reforma constitucional salga adelante, no está claro que Rodrigo Duterte opte por presentarse a la reelección en los comicios de 2022. A la edad del actual presidente, 74 años, se suman los frecuentes rumores relativos a su estado de salud. Muchos dedos apuntan como sucesora a su hija Sara Duterte, quien este lunes ha revalidado su título de alcaldesa de la ciudad de Davao, el mismo cargo que ostentó su padre antes de acceder a la presidencia del país. Sara Duterte ha aplastado a la oposición, llevándose más del 99% de los votos en su demarcación.

El hijo mayor del presidente, Paolo Duterte, también ha obtenido con facilidad el escaño correspondiente al distrito legislativo de Davao, dejando el puesto de vicealcalde de la ciudad que ha pasado a su vez a menos de su hermano menor, Sebastian Duterte, quien no tenía contrincante en las urnas y gobernará la tercera ciudad del país junto a su hermana.

Los Duterte no son un caso aislado: en Filipinas los apellidos de abolengo mantienen su pedigrí en las urnas. Imee Marcos, sin ir más lejos, hija del dictador Ferdinand Marcos quien gobernó el archipiélago durante 21 años, ha sido elegida como una de los doce nuevos senadores. El puesto de gobernadora de Ilocos, bastión del clan, pasa a su hijo Matthew Marcos Manotoc, quien tampoco tuvo opositor en las urnas después de que su contrincante se retirara de la pugna apenas dos semanas antes de las elecciones. Isko Moreno, un independiente, ha sido el vencedor en la capital, Manila.

El firme triunfo de Duterte no llega por sorpresa. A pesar de sus habituales polémicas, sus índices de aprobación rozan el 80%, según datos de la firma Social Weather Stations. Un vistazo a la propaganda electoral bastaba para reafirmar la idea de que las elecciones suponían un referéndum sobre su figura: su rostro aparecía en los materiales de campaña de todos los candidatos de su partido. A partir de mañana, el actual presidente tendrá las manos aún más libres para profundizar en su proyecto político.

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